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Nortec Collective

Nortec Collective: Tijuana Sessions Vol. 3
Nacional Records

(Enlgish version below)


….¿y quienes son estos batos, pues?

Fue en 1999 cuando Pepe Mogt (Fusible) asistió a una boda y al escuchar a los taroleros de una banda sinaloense se le ocurrió trasladar los ritmos tradicionales de la música norteña al campo de la electrónica.  Entusiasmado invitó a varios de los mas destacados músicos y productores de la escena electrónica de Tijuana a participar en el experimento, al cual Roberto Mendoza (Panóptica) bautizó como Nortec. Algunos de estos personajes provenían de bandas de industrial como Artefakto y otros de bandas electroacústicas como Sonios y Aural.

Cuando Bostich, Fussible, Hiperboreal, Clorofila, Terrestre, Panóptica y Plankton Man lanzaron el Tijuana Sessions Volumen 1, la integración de ritmos que ya venia sucediendo dentro de la escena del rock hasta culminar en la década de los 90s en discos como Re de Café Tacvba o El fuego de la noche de La Barranca, se concreto también en la música electrónica mexicana.  La estética Nortec significo la interiorización—desde una óptica globalizada—de lo Popular a través de un dialogo con la tradición antes desatendida y un acercamiento a las particularidades regionales de Tijuana. ¿Para que buscar los ritmos latinos en la electrónica alemana si todos los ingredientes se encontraban en casa?
El Colectivo enlistó la participación de un grupo de artistas gráficos y multimedia para acompañar el sonido Nortec. Estos artistas, tomando una actitud ambigua, crearon entonces una estética visual-pop compuesta de elementos icnográficos de la(s) cultura(s) del norte: El narco-chic, el Mexican curios, el campo de la maquila, el constante flujo de bienes de consumo y seres humanos, así cómo el incesante asalto visual de la late-modernity.  Fue así a través de la [re]apropiación de estereotipos y de una Otredad simulada como el Nortec se dio a conocer al mundo y se consolidó como uno de los movimientos culturales más significativos  de la frontera.

….pa’ luego es tarde, socio.

Han pasado cinco años desde el lanzamiento del Tijuana Sessions Vol. 1. Terrestre y Plankton Man han salido del colectivo para dedicarse a proyectos igualmente interesantes—otras propuestas que integran elementos tradicionales y música electrónica han surgido de América Latina—y somos muchos los que hemos aguardado pacientemente el arribo de este nuevo trabajo del Colectivo Nortec, preguntándonos si lograrían darle continuidad al  proyecto sin repetirse.  Pues el Tijuana Sessions Volumen 3  ya esta disponible; con 15 rolas y 48 minutos de duración, este disco  comprueba que el Nortec is no gimmick. El sonido Nortec puede no ser tan fácilmente digerido por aquellos que desconocen la música norteña o por puristas acostumbrados a subgéneros específicos de la electrónica—a cambio de la simple inclusión de una conga a un track de house o de agregar piano Latino como loop, el Nortec propone una estética distinta cuyos cimientos  se encuentran en línea del norte de México y específicamente en Tijuana, pero que mantiene un intercambio con ritmos electrónicos globales que van desde el down-tempo y electro-pop al drum and bass.

!aunque le cale, compa!

El colectivo continua integrando ritmos de norteña, banda sinaloense y electrónica pero en esta ocasión la música se grabo con instrumentos digitales y analógicos para después  ser re-interpretada por músicos de norteña del otro indie-underground popular, es decir los que trabajan en restaurantes, bares, fiestas familiares o en alguna esquina.  Fue a través de esta colaboración como se mantuvo el sonido duro de la música tradicional de las calles de Tijuana y es también por eso que el disco es rico en texturas y versatilidad.

Desde que el disco comienza con la mezcla inconfundiblemente Nortec de trompeta y sintetizador en Tengo La Voz de Bostich y continua con el blissful border-pop de Tijuana Makes Me Happy (¡Bang, Bang!), la invitación para vivir desde adentro la ciudad que inspiro este movimiento tan peculiar se ha extendido. Clorofila añade el toque lounge que convive con los tarolazos y acordeones  del disco en rolas como Funky Tamazula y Almada. Hiperboreal agrega un feeling melancólico de cabaret atemporal en sus tracks  Dandy del Sur, Don Loope y El Fracaso (¡esa cala, compa!). Narcoteque—colaboración de Clorofila y Panóptica—es un midtempo que va subiendo de intensidad con la base norteña y toques dub. Dos cortes esenciales del disco son de Fusible: Colorado, el único narcocorrido para escucharse con audífonos que conozco y Bar Infierno con su atmósfera oscura y ritmos glutinosos de acordeón y bajosexto. En un track rico en  estructuras titulado Revu Rockers, Panóptica nos deja solo una opción, ¡bailar!
Melancolía dub urbana con sentimiento norteño, border-noir. sensibilidad global muy a la mexicana, una estética que como la frontera misma es un work in progress sin urban planning preciso y en el cual tienen que coexistir los excesos de la ilegalidad y la fuerza creativa de un país joven. El soundtrack con el que me gustaría remezclar A Touch of Evil de Orson Wells, el disco perfecto para disfrutar en una fiesta de verano en Tijuana, Nueva York,  Buenos Aires el D.F., o en un American Southwest liberado de clichés neo-Mexicanos.  Acompáñalo con una cheve bien fría y un libro de Mike Davis.

English Version ———————————————————————————————————————————————————-

.…¿y quienes son estos batos, pues?

Back in 1999, while attending a wedding and listening to a banda sinaloense, Pepe Mogt (Fussible) thought about translating the traditional rhythms of northern Mexican music into the field of electronica.  Excited by the idea he invited several of Tijuana’s most active musicians and producers from the electronic scene(s) to participate in the experiment, which Roberto Mendoza (Panóptica) called Nortec. Some of these musicians came from Industrial bands such as Artefakto while others came from electro-acoustic projects such as: Sonios and Aural.

When Bostich, Fussible, Hiperboreal, Clorofila, Terrestre, Panóptica and Plankton Man launched their Tijuana Sessions Volume 1, the integration of local and global rhythms, which in the 1990s culminated with rock records such as Café Tacvba’s “Re” or La Barranca’s “El fuego de la noche”, also occurred in the Mexican electronic scene. Nortec signified the interiorization of the Popular through a globalized optic through a dialogue with an otherwise overlooked tradition, and a renewed interest in the regional particularities of Tijuana. Why look for Latin rhythms in electronic music from Germany when all the necessary ingredients were already at home.

The Collective then enlisted the participation of a group of graphic and multimedia artists to accompany the Nortec sound.  These artists provided an ambiguous visual pop aesthetic composed of iconographic elements from Mexico’s Northern culture(s): Narco-chic, the Mexican curios, the maquiladora, the constant flux of consumer goods and human beings and the sensorial assault characteristic of late modernity’s urban spaces.  It was through this [re] appropriation of stereotypes and simulated Otherness that the world met what was destined to become one the most significant cultural movements of the northern Mexican border.

….pa’ luego es tarde, socio.

Five years have passed since the release of Tijuana Sessions Vol. 1. Terrestre and Plankton Man have left the collective in order to pursue equally interesting projects. Other electronic experiments that integrate traditional elements have emerged from Latin America, and many of us have waited patiently, wondering whether the Nortec Collective would be able to give continuity to this Project, without becoming formulaic.  Well, the Tijuana Sessions Volume 3 has arrived; consisting of 15 tracks and 48 minutes in length, the record proves that Nortec is no gimmick. The Nortec sound might not be easily digested by those unfamiliar with northern Mexican music nor by purists accustomed to specific electronica subgenres—rather than simply adding a conga to a house track or a Latin piano as a loop,—Nortec creates a distinct aesthetic  that  grounds itself on the borderline, in northern Mexican music and more specifically in Tijuana, while maintaining a fluid exchange with global electronic beats that range from down-tempo and electro-pop to drum and bass.
¡aunque le cale compa!

The Nortec collective continues to integrate banda sinaloense, norteño and electronic rhythms, however, this time the music was recorded with digital and analogue instruments and it was then reinterpreted by Norteña musicians from a different popular indie-underground, that is, those who play in bars, restaurants, family gatherings and street corners.  Besides creating a record rich in textures and versatility this collaboration assured that the roughness that characterize the street sound of Tijuana would be maintained in the record.

From the very beginning when the record opens with the unmistakably Nortec mix of trumpets and synthesizers in Tengo La Voz from Bostich, and as it continues with the blissful border-pop of Tijuana Makes Me Happy, (Bang, Bang!), the invitation to live the city that inspired this movement from within has been extended. Clorofila adds the lounge feel that coexists with the tubas, snare drums, and accordions in tracks such as Funky Tamazula and Almada.  Hiperboreal contributes with a timeless and melancholic cabaret touch in Dandy del Sur, Don Loope and El Fracaso (¡esa cala, compa!). Narcoteque—a Clorofila and Panóptica collaboration—is a norteño bass and dub midtempo with escalating intensity.  Two essential tracks in this record are Fussibles’ Colorado, the only narco-corrido made for headphone listening that I know of, and Bar Infierno, with a full accordion and bass driven dark mood.  Panóptica gives us only one option in his a richly structured track, Revu Rockers, to dance!
Melancholic urban-dub with a norteño feeling, border-noir, a very Mexican global sensibility, an aesthetic, that as the border itself, remains a work in progress with no clear-cut urban planning, and the coexistence of illegality’s excesses and the creative force of a young nation. The soundtrack one would like for a remix of Orson Well’s Touch of Evil, the perfect disc to enjoy during a summer party in Tijuana, New York, Buenos Aires, Mexico City or an American Southwest freed of neo-Mexican clichés. Enjoy it while drinking a cold beer and a book by Mike Davis